
Mal-Aimé
Eau de Parfum
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Taludes, laderas de montañas, grietas y terrenos baldíos. Los ves por todas partes. No los hueles en ningún lugar. Ningún perfume les rinde homenaje. Y sin embargo, embalsaman, estas hierbas que se llaman malas porque nadie las planta. Porque crecen solas, espontáneas, despreocupadas, vivaces, indomables. Despreciadas por los hombres, como esos seres al margen, los olvidados que ocultan fieramente su nobleza por pudor, o porque no le piden nada a nadie...
Es para hacer justicia por fin a estas hierbas silvestres desterradas de los frascos y de los barrios elegantes que Marc-Antoine Corticchiato les ofrece Mal-Aimé. Fragancia iconoclasta porque va a contracorriente de una perfumería que solo reivindica las materias nobles, Mal-Aimé se inspira en una planta común de esencia rara, pues es totalmente inédita en perfumería.
La inula odorante – Inula graveolens para los botánicos – eriza por doquier en Córcega sus matas de flores amarillas desgreñadas. Su aceite esencial, destilado a partir de plantas recolectadas en el maquis – y certificado bio – representa para el perfumista un auténtico tesoro. A lo largo de las horas, esta esencia verde esmeralda despliega facetas de una generosidad desbordante.
¿Herbácea? No sorprendería, dada la naturaleza de la cosa. Pero resulta que la inula toma prestado su perfume de la rosa y su dulzura de la miel. ¿Se la percibe tan solar como el color de sus flores? También se revela amaderada, salada, almizcleña. En torno a esta bella y rebelde desconocida, es todo el cortejo de los mal amados – cardos, ortigas, zarzas y raíces – lo que Marc-Antoine Corticchiato convoca para rendir homenaje una vez más a su Córcega natal. Desconcertante, vanguardista, jamás olido… Naturalmente noble. Inevitablemente iconoclasta. Un perfume como ningún otro.
La palabra del perfumista: un perfume dedicado a un cómplice del maquis y de la maleza «Malas hierbas: creo que es una denominación injusta porque a menudo son benévolas y pueden poseer virtudes beneficiosas para la salud, como la inula o la ortiga. De hecho, nunca he tenido corazón para eliminar las plantas de inula silvestre que crecen en mi jardín en medio del maquis.»
Este Mal-Aimé es un homenaje a la amistad. La esencia utilizada por Marc-Antoine Corticchiato es destilada por Stéphane y Alexandre Acquarone, hijos de Lucien Acquarone, «mi cómplice del maquis y de la maleza, de Córcega a Vietnam pasando por Madagascar y La Reunión», cuenta el perfumista. Ingeniero especializado en la fabricación de unidades de extracción de plantas, «Lucien era un mago que podía obtener lo mejor de sus perfumes sin alterar su aroma original, siempre lo más cercano posible a la naturaleza.»
Este aventurero, «capaz de partir de un día para otro al otro extremo del mundo por un proyecto descabellado»
compartía con Marc-Antoine Corticchiato, además del amor por la gastronomía, los vinos y las plantas aromáticas, un gran cariño por la inula «esa planta de olor tan particular, pero rechazada por todos. Durante muchísimos años la evocábamos a menudo diciéndonos que había que dar a conocer el perfume de esta 'mala hierba' de personalidad tan particular. Pero se fue demasiado pronto.» Mal-Aimé, perfume repleto de esencia de inula procedente de las producciones corsas de sus hijos, es por tanto «un guiño a Lucien. Lucien que desde allá arriba debe de estar riéndose, copa en mano, ojo verde y chispeante. Verde como la esencia de inula y chispeante como su champán favorito.»






